¿A qué Edad le Pongo "Fierros" a mi Hijo?

“Fierros” es la palabra que usamos frecuentemente para identificar a los aparatos de Ortodoncia, utilizados para corregir la mala posición de los dientes; éstos además pueden ayudar a corregir alteraciones en los huesos maxilares y en los tejidos de la cara.

En realidad, como lo demuestran estudios recientes, no existe una “edad ideal” para el inicio de un tratamiento de Ortodoncia, ya que cada paciente debe ser evaluado de manera individual para determinar el momento óptimo en el cual comenzar. Por ejemplo, la presencia de hábitos tales como succión de los dedos, succión labial, uso prolongado de chupón, respiración bucal, etc. pueden ser motivo de su primera visita al Ortodoncista.

Nuestros hijos nacen, generalmente, sin dientes; a los seis meses aparecen los primeros dientes temporales (“dientes de leche”), los que terminan de salir alrededor de los 3 años. La dentición permanente (“dientes de hueso”) erupcionan alrededor de los 7 años, terminando de erupcionar entre los 12 y 14 años, a excepción de las terceras molares (“muelas del juicio”) que suelen erupcionar entre los 18 y 25 años.

Alteraciones en el proceso de erupción y cambio de piezas pueden generar alteraciones de posición de los dientes ocasionando “malas mordidas”. Estas malas mordidas interfieren en la adecuada formación de los maxilares influyendo en la estética facial. Asimismo, la mala posición de los dientes puede producir alteraciones foniátricas (en el habla), en la alimentación, en la respiración, entre otros. También debe tomarse en cuenta el aspecto psicológico para iniciar un tratamiento, ya que debemos ser conscientes que estamos ante alteraciones faciales, en muchos casos fácilmente perceptibles, que hace que los niños se sientan disminuidos y les cueste integrarse socialmente. Los sobrenombres “inspirados” en deformidades faciales son muy frecuentes.

Si la posición de los dientes no está generando alteraciones estéticas, funcionales ni psicológicas, puede postergarse el inicio del tratamiento hasta la erupción de todas las piezas permanentes; si no es así, es posible que se indique un tratamiento a edad temprana. Así como los niños reciben tratamiento, los jóvenes y los adultos también pueden hacerlo. El límite de edad para el inicio del tratamiento depende del diagnóstico individual que sobre cada caso haga el ortodoncista.

El tratamiento de ortodoncia requiere una evaluación integral que nos brinde todos los elementos de diagnóstico indispensables para planificar el tratamiento de sus hijos… ¡o quizá del suyo!

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“Fierros” es la palabra que usamos frecuentemente para identificar a los aparatos de Ortodoncia, utilizados para corregir la mala posición de los dientes; éstos además pueden ayudar a corregir alteraciones en los huesos maxilares y en los tejidos de la cara.

En realidad, como lo demuestran estudios recientes, no existe una “edad ideal” para el inicio de un tratamiento de Ortodoncia, ya que cada paciente debe ser evaluado de manera individual para determinar el momento óptimo en el cual comenzar. Por ejemplo, la presencia de hábitos tales como succión de los dedos, succión labial, uso prolongado de chupón, respiración bucal, etc. pueden ser motivo de su primera visita al Ortodoncista.

Nuestros hijos nacen, generalmente, sin dientes; a los seis meses aparecen los primeros dientes temporales (“dientes de leche”), los que terminan de salir alrededor de los 3 años. La dentición permanente (“dientes de hueso”) erupcionan alrededor de los 7 años, terminando de erupcionar entre los 12 y 14 años, a excepción de las terceras molares (“muelas del juicio”) que suelen erupcionar entre los 18 y 25 años.

Alteraciones en el proceso de erupción y cambio de piezas pueden generar alteraciones de posición de los dientes ocasionando “malas mordidas”. Estas malas mordidas interfieren en la adecuada formación de los maxilares influyendo en la estética facial. Asimismo, la mala posición de los dientes puede producir alteraciones foniátricas (en el habla), en la alimentación, en la respiración, entre otros. También debe tomarse en cuenta el aspecto psicológico para iniciar un tratamiento, ya que debemos ser conscientes que estamos ante alteraciones faciales, en muchos casos fácilmente perceptibles, que hace que los niños se sientan disminuidos y les cueste integrarse socialmente. Los sobrenombres “inspirados” en deformidades faciales son muy frecuentes.

Si la posición de los dientes no está generando alteraciones estéticas, funcionales ni psicológicas, puede postergarse el inicio del tratamiento hasta la erupción de todas las piezas permanentes; si no es así, es posible que se indique un tratamiento a edad temprana. Así como los niños reciben tratamiento, los jóvenes y los adultos también pueden hacerlo. El límite de edad para el inicio del tratamiento depende del diagnóstico individual que sobre cada caso haga el ortodoncista.

El tratamiento de ortodoncia requiere una evaluación integral que nos brinde todos los elementos de diagnóstico indispensables para planificar el tratamiento de sus hijos… ¡o quizá del suyo!

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