ENTREVISTA

 

 



MI PROFESIÓN ES MI VIDA, SOY ODONTÓLOGO A TIEMPO COMPLETO

 

Por: Ximena Osorio (8 octubre de 2014)

 

La cita con el dentista es un evento inevitable que a muchos nos provoca ansiedad, miedo e incluso un auténtico rechazo. El solo hecho de pensar en estar sentado en esa silla, rodeado de una intensa luz blanca, mientras que el sonido de un taladro (o herramienta de tortura) suena como música de fondo nos pone a temblar. Los dentistas muchas veces son vistos como personajes sacados de una película de terror. Sin embargo, el Dr. Rodolfo De la Flor no es como todos los dentistas. Él es aquel personaje con el cual es imposible no encariñarse desde que sale en pantalla. Es el personaje con el que todos nos identificamos y alentamos. Es Rony, padre de familia, deportista, músico, odontólogo.

 

Rodolfo siempre tuvo la vocación de seguir una carrera médica. A los trece años, inspirado por su propio dentista, decidió que quería ser odontólogo. Dese aquel momento, comenzaría un recorrido que lo ha llevado a tener su propio consultorio odontológico, ser director del Centro para Investigación de las Desarmonías Dentomaxilofaciales, fellow de International College of Dentists (la sociedad más grade y antigua para dentistas de todo el mundo), y conferenciante internacional, entre muchos otros títulos y honores.

 

Estudió en el Universidad Nacional Mayor de San Marcos (Perú), pero la experiencia que recuerda con más cariño fue su internado en el Hospital del Niño.

 

"Mi paso por el Hospital del Niño me marcó mucho"

Para Rodolfo, el internado hospitalario que realizó en el Hospital de Niño fue mucho más que un requisito para graduarse. Fue una importante etapa de su vida, fundamental para su desarrollo profesional y personal. Durante su internado, se dedicó mayormente a tratar a niños con deformidades faciales. Pero el internado solo duraba un mes, y Rony tenía hambre de más. Luego de graduarse regresó al Hospital del Niño donde trabajó por siete año años ad honorem.

 

Durante este tiempo, Rodolfo trató a niños sin orejas, sin ojos, sin dientes, con fisuras labiales, y con quemaduras. Cuenta Rony que estos niños también sufrían una exclusión social por su apariencia física, pues eran niños diferentes a la mayoría. Además, trabajar en un hospital de salud pública en el Perú es una tarea muy difícil, pues hay muchas carencias y se trata con familias en situaciones extremadamente difíciles.

 

"En muchos casos teníamos nosotros que buscar los recursos para atender a nuestros pacientes con dignidad… y al margen de la parte médica estaba la humana, donde estos niños debían integrarse a la sociedad"

 

Luego de terminar su trabajo en el Hospital del Niño, Rodolfo hizo una maestría en Docencia Universitaria e Investigación, áreas a las que se dedica actualmente.

 

Hoy en día, Rodolfo tiene su propio consultorio, De la Flor Odontología, que fundó hace ya treinta años, y viaja por el mundo dando conferencias y participando en congresos. Aún así, su espíritu caritativo y humanitario, que estuvo tan presente durante su paso por el Hospital del Niño, se sigue manifestando hasta hoy. Rony tiene una obra social llamada "Sonríe peruano, sonríele a la vida", que tiene el objetivo de "regalar sonrisas" a los que más lo necesitan.

 

Pero como todo buen héroe de una gran historia, la vida de Rodolfo no se termina cuando se quita la capa (o la bata blanca). Rony es también padre de familia y sus cuatro hijos tienen la seguridad de que pueden contar con él siempre.

 

"Mi familia es mi pasión… Sin duda, son el eje central y nada tiene sentido hoy sin ellos"

Además, Rodolfo juega squash y es un apasionado de la música. Afirma que si no se hubiera decidido por la odontología, definitivamente se habría dedicado a la música. Uno nunca sabe, quizá aún hay tiempo para realizar ese sueño. Si alguien es capaz de lograrlo, indudablemente, es Rodolfo De la Flor.

 

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